En defensa de los papeles amarillentos

Papeles amarillentos

No suelo escribir tan seguido pero hoy he escuchado el comentario de un tertuliano radiofónico. Un comentario que a lo largo del tiempo aparece curiosa y reiteradamente cuando de debatir sobre educación se trata.

Vayamos por partes. Comenzó el asunto con los lugares comunes sobre el desastre que representa hacer una nueva ley con cada cambio de gobierno, después la falta de preparación del profesorado y su rechazo a renovarse una vez asienta el trasero fijo en una silla. El maravilloso modelo finlandés (que todo el mundo parece conocer al dedillo sobre todo sus virtudes pedagógicas. Un dato, los formados finlandeses han puesto un partido de extrema derecha xenófobo a punto de ganar las elecciones) Sobre esto quiero hacer una par de indicaciones, la primera es que alguna vez alguien dirá que son menos de cinco millones de habitantes y su población escolarizada anda por menos de dos. Al margen de algo que resulta obvio que compararlo con un país de 47 millones es absurdo puedo demostrar con datos empíricos, porque he tenido alumnas de intercambio de dicho país en clase, que en preescolar los tratarán genial, no hay más narices, les cae un nevazo y se quedan aislados en la casa escuela, y de inglés se salen, pero del resto, por ejemplo mates, vamos a correr un tupido velo porque no resisten la comparación con nuestra gente de bachillerato. Por cierto, hay personal español en las guarderías finlandesas, debe ser para bajar el nivel y no abusar.

Y con esta última frase quiero ir a la siguiente cuestión ¿cual es la razón para que un país con tan baja, parece ser, cualificación educativa, y que nadie me hable del cachondeo de las pruebas PISA, exporte tantísimo profesional como decimos que exportamos? Ingenieros en Alemania, personal sanitario por el mundo entero, educadoras infantiles en Finlandia, científicos en laboratorios y dirigiendo hospitales en USA…? Algo no cuadra o en algún momento la malísima formación se transforma milagrosamente.

Entonces llegó el comentario del susodicho arrastrado y crecido por la corriente de denigración del gremio educativo y ya escuchado alguna vez, algo así y lo entrecomillo aunque no es literal “eso maestros y profesores y muchos catedráticos que aparecen en sus clases con sus papeles amarillentos porque son incapaces de renovarse. Unos apuntes pasados repitiendo siempre lo mismo” o algo así, muy parecido. Obviamente recibió el habitual total acuerdo de sus compañeros, aquí si usaré el femenino, y compañeras.

Lo primero es que esto significa que ellos están todo el día renovando su conocimiento para decirnos lo último, aunque sea una estupidez. Lo segundo no es que lo del papel amarillo sea ofensivo, es lo que significa. Estamos diciendo que los que educan a nuestros hijos son unos arcaicos que enseñan cosas que no sirven porque no se han enterado que ha habido renovación o son unos vagos que les importa un pito lo que enseñan… Les daré la razón en una cosa y si lo leen, cosa que dudo, les sorprenderá, en bachillerato se enseña física newthoniana, del siglo XVII y mates de la misma época y geometría euclidiana y, agárrense, ¡Pitágoras! ¿Vamos a las normas gramaticales? La RAE va introduciendo novedades pero les aseguro que nos enteramos. Y una cuestión que me atañe como historiador, al margen de que mi materia se renueva cada día, explico la revolución francesa con unos apuntes basados en escritos de Hobswamn, Bloch, Braudel, Vilar, y oh terror, fuentes originales del XVIII, incluso tengo un documento, un contrato sin importancia de 1789 comprado en un mercadillo de anticuarios de París. Pero vuelvo a los apuntes. Como supongo al que dijo eso un sabio renovador sabrá que estoy hablando de los grandes investigadores de la revolución. Y que no se preocupe que estoy suscrito a revistas de historia y estoy al día, pero no pienso perder el tiempo volviendo a pasar a un papel blanco o a una tablet algo que considero de probada base científica y que me encanta esté en un papel con patina. Y como yo todos, porque salvo alguna excepción, que la habrá, le aseguro que la inquietud intelectual existe cuando te dedicas a esto. Pero renovarse por renovarse es del género bobo cuando ves que la novedad es una idiotez ¿O he de hacer caso y ponerme a perder el tiempo con los que dicen que El Quijote se escribió en catalán y Cervantes era alicantino? Si voy a medir el valor de la enseñanza por el color de un papel… Pero vuelvo a lo dicho, es el menosprecio sistemático. Claro que los que nos dedicamos a la educación podemos hacer las cosas mejor, lo siento ya lo dijo Platón, pero denostar el sistema, acusar alegremente a parte del profesorado de irresponsable, decir que nuestros niveles son bajos ¿comparado con quien? ¿Qué no tenemos una magnífica institución como Harvard u Oxford? En la primera “estudió” George Bush junior y en la segunda Boris Jhonson ¿Qué hace falta más dinero? ¿Y dónde no? Tenemos lo que tenemos, mejorar siempre pero mientras tenga un papel amarillo con algo de relevancia fundamental ahí seguirá el papel amarillo. Y el que venga de listo con uno blanco o una tablet y lo que dice es una idiotez… ¿Les suena eso de las fake news? ¿Y la credibilidad que se le da a todo lo que sale en la red sólo por estar en ese soporte? Y si, cómo en todo, hay nuevas teorías, interpretaciones, documentos, que no se preocupen que se apuntarán y se explicarán en el nivel educativo que sea necesario.

Publicado por luismi

Historiador, educador y novelista

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