Publicado en mi sección «Pensar es resistir» de Endavant el 13/3/2026
El maestro de historiadores recientemente fallecido, el francés Pierre Nora, nos teorizó sobre la noción de “historia inmediata”. Una forma de análisis crítico que surge en un momento donde la memoria colectiva se ha fracturado. La historia inmediata aparece cuando la sociedad pierde la continuidad natural con su pasado y necesita «fabricar» archivos y recuerdos conscientemente. Y el historiador debe actuar como un «árbitro», en lugar de simplemente narrar, el historiador de la historia inmediata debe ejercer una «vigilancia intelectual» para evitar que el pasado sea manipulado por intereses políticos del presente.
Así que vamos a ver si podemos discernir históricamente lo que está sucediendo utilizando el método de otro gran maestro Marc Bloch, la historia comparada.
Como dicen los que saben, la historia suele rimar, pero nunca se repite de la misma manera. Busquemos un gran conflicto, la Segunda guerra Mundial, más de ochenta países involucrados en diferentes frentes que se extendieron a lo largo del planeta. En el conflicto provocado por Israel y Estados Unidos hablamos de casi una veintena. El escenario, Oriente Próximo. Pero no olvidemos que hay otros escenarios que, al igual que en el enfrentamiento mundial, se produjeron de manera separada, Rusia y Ucrania, los conflictos africanos, Paquistán y Afganistán, es decir el tetro amplía sus tablas. ¿Los historiadores llamarán a esto Tercera Gjuerra Mundial? Veremos.
Sin embargo, al comparar la Segunda Guerra Mundial con el actual conflicto entre Irán e Israel y EE. UU., descubrimos que el concepto de guerra, sin duda, ha mutado. En primer lugar la desaparición de los frentes fijos.
En la década de los 40, la implicación de los países se medía en hombres sobre el terreno. El conflicto se extendía por el mapa: de los frentes Occidental y Oriental al Pacífico pasando por las selvas de Birmania. Era una guerra de fronteras y ocupación física. Hoy, el mapa de la crisis iraní es de impactos. Irán ha llevado a cabo una «geografía de la influencia». Teherán ha logrado que países como Líbano, Yemen, Siria e Irak funcionen, al menos en parte, como extensiones de su propio territorio sin necesidad de que un solo soldado iraní cruce su frontera.
Otra diferencia: Del bloque rígido a la geometría variable. La Segunda Guerra Mundial fue el último gran conflicto absoluto, o eras del Eje o eras Aliado. En cambio, la geografía sigue imponiendo su dictadura. El Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo son hoy las zonas de combate más sensibles del planeta. No se trata de capturar una ciudad, sino por mantener abierta la ruta para que el petróleo y el comercio sigan fluyendo. Un Ormuz cerrado puede tener un impacto económico más devastador que las batallas navales del Pacífico en 1942. Y es que Ormuz se ha convertido en el nuevo Canal de la Mancha de los años cuarenta, los cuellos de botella imponen su ley.
Por último, la gran diferencia radica en el alcance ya que un conflicto más localizado que los del siglo XX, tiene una capacidad de desestabilización global superior debido a la interconexión tecnológica y energética. Ya no se necesita llegar a Berlín para cambiar el orden mundial; basta con un enjambre de drones sobre un campo petrolífero o una ciudad.
Se podría decir mucho más haciendo miradas al pasado, como el origen “colonial” del conflicto. Pero hay que terminar de alguna manera y lo haré citando como he hecho alguna vez a Marx que escribió aquello de que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. una vez como tragedia y la otra como farsa. Apliquémoslo a ambos conflictos y a los personajes que pululan por ahí y verán que una vez más el viejo Marx, tenía razón.